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Conspiranoia Mayo 8, 2007

Posted by tonelero in Pequeñas y Grandes tonterias.
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En la exposición sobre Tintoretto que está en el museo del prado hay un cuadro que me ha llamado poderosamente la atención. Este cuadro se titula La presentación de Jesús en el Templo. De él llama la atención, además de su audaz perspectiva, la presencia de un extraño objeto en primer plano, sobre las escaleras. Al acercarse, uno percibe nítidamente que se trata de un barril, de un TONEL.

Al parecer la obra es un encargo de LA COFRADIA DE TONELEROS DE VENECIA y eso explica la presencia de su símbolo en la pintura. Cuando contemplé este lienzo tuve un pensamiento absurdo: yo era un Tonelero del presente, en frente de una obra de los Toneleros del pasado. ¿Y si aquellos Toneleros fueran algo más que fabricantes de barriles? ¿Y si existiera algún tipo de continuidad o conexión con los que frecuentamos este blog? En menos de medio minuto había pergeñado algo así como El enigma de Tintoretto, un nuevo best seller para Dan Brown. Mucho se ha escrito ya sobre El Código da Vinci. A la hora de explicar las claves e su éxito, todos los analistas coinciden en la habilidad de su autor para sintonizar con dos de las grandes inquietudes de la sociedad Occidental: la crisis de las instituciones religiosas y el auge de lo conspiroparanoico, concepto que define la tendencia cada vez más acusada de los ciudadanos a sospechar de complots urdidos en la sombra por poderes ocultos. Ejemplos de esta actitud son las reacciones a los atentados del 11-S y 11-M. En el primer caso, Michael Moore y sus seguidores defendieron la teoría de que la propia administración Bush estaba detrás del ataque a las Torres Gemelas; en el segundo, los medios afines al PP siguen empeñados en su búsqueda de la Verdad; esta Verdad escrita con letras mayúsculas (igual que: Fe, Revelación, ETA), y basada en indicios minúsculos, es aceptada como un dogma por un significativo porcentaje de españoles. En la misma línea de la obsesión conspirativa estaría la fábula del Club Bildelberg.

En realidad, son síntomas de una enfermedad que no es nueva. El 23-F tiene su Elefante Blanco. Franco soñaba con judíos y masones. Hay quien todavía piensa que el hombre no ha llegado a la luna, y que el gran paso para la humanidad se dio sobre un plató de televisión. Rastreamos mensajes ocultos en los discos de los Beatles, igual que la Cábala los buscaba en las Sagradas Escrituras. Pero la conspiroparanoia no se limita a los grandes acontecimientos. También detectamos tramas ocultas y complots en nuestra vida cotidiana. En el colegio suspendemos porque los profesores nos tienen manía. Cuando no ligamos, se debe a que todos los miembros del sexo opuesto se han conjurado para resultar indeseables (son todos unos cerdos, son todas unas guarras). Si el equipo de nuestro pueblo no gana, es por los árbitros, que apoyan a los grandes. Si el municipal de turno nos multa por aparcar mal nuestro coche, es porque nos tiene cruzados. Tal vez, necesitamos que haya algo más por detrás de lo evidente. Acaso lo sencillo, lo cotidiano, nos resulta insoportablemente gris. Puede que nos sea imprescindible dar color a nuestras vidas, aunque los tonos sean chillones y estridentes. Puede que precisemos seguir creyendo en el Destino y en los Dioses (aunque se hayan encarnado en seres terrenales y se hagan llamar los Poderosos), y en que éstos conspiran, aunque sea contra nosotros. O quizás se trate sólo de nuestra educación sentimental, tan literaria, tan cinematográfica, que nos lleva a concebir la vida como si fuera una novela o un largometraje. Y en los libros y en las películas, si no hay un drama, si no hay un conflicto, no hay historia. Termino el post con un enlace divertido: http://probar.blogspot.com/ Hasta pronto, Toneleros.

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